“El feminismo tiene que molestar”
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La diputada Natalia Díaz intervino en la Cámara de Representantes en la conmemoración del Día Internacional de la Mujer.
En la pasada sesión de la cámara de diputados del día 10 de marzo, la diputada Natalia Díaz, a días de su asunción como titular tomó la palabra para realizar una intervención al respecto del “Día Internacional de la Mujer Trabajadora”. Esta intervención, concisa y necesaria luego del domingo 8 de Marzo, toma varios elementos en lo que respecta al movimiento feminista, desde una mirada histórica, pero también con miras hacia el presente que nos espera y los desafíos que particularmente tiene este gobierno frenteamplista. “(…)
El feminismo ha sido y es históricamente profundamente político, es una propuesta de transformación radical de la humanidad toda. Pone en discusión todos los sistemas de opresión, desigualdad e injusticia. Y sí, molesta. El feminismo tiene que molestar. Porque cuando no estamos incomodando al poder, es porque algo estamos haciendo mal.
Desde nuestra perspectiva política: estamos convencidas de que el feminismo es para las grandes mayorías. A la vez que sostenemos que el feminismo que nos une debe ser aquel que incorpore una mirada interseccional. Porque no es lo mismo ser mujer siendo blanca y de clase media, que ser mujer negra, migrante, trabajadora informal o sostén de un hogar monoparental. La clase, la raza, la etnia, el territorio, importan.”
Este año, la marcha contó con pluralidades de consignas como suele suceder cada año pero en particular se vio atravesada por una mirada antimperialista, debido al contexto actual que estamos viviendo como sociedad.
“Vivimos una coyuntura internacional atravesada por el avance del fascismo y de los sectores más reaccionarios y autoritarios. Se multiplican los discursos de odio contra las trabajadoras organizadas, contra las mujeres y las disidencias, y también contra los pueblos y comunidades que resisten. No se trata solo de palabras: esos discursos alimentan prácticas políticas que promueven la represión, cuestionan derechos y buscan deslegitimar a los movimientos sociales y al movimiento feminista en particular. Al mismo tiempo, sostienen un modelo económico que profundiza la desigualdad y protege los privilegios de una minoría que concentra, como nunca antes, la riqueza y el poder.
Este 8M en Uruguay, como en muchas otras partes del mundo, se colocó en el centro el momento político que atraviesa el mundo y que, por ende, también nos atraviesa a nosotras. No somos ajenas al asedio colonialista que viven nuestros pueblos hermanos. Es necesaria más unidad, más lucha y más organización. Es imprescindible reconocer, además, el rol histórico de las mujeres y disidencias en los múltiples escenarios de conflicto: protagonistas de procesos de resistencia, de redes de solidaridad y de experiencias de organización popular que sostienen la vida en los contextos más adversos.
A su vez, la joven diputada incorporó a su intervención elementos de necesidades y perspectivas que son demandadas por los movimientos sociales hace años en nuestro país, a las cuales como representantes de la sociedad civil deberán estar atendiendo de manera proactiva para poder garantizarlas.
“En Uruguay, el escenario global se conecta con debates muy concretos. El movimiento feminista y sindical viene insistiendo en que las desigualdades de género no pueden analizarse únicamente desde lo cultural o simbólico. Existe una dimensión económica de la desigualdad que sigue siendo decisiva. Combatir las condiciones que determinan un acceso desigual de varones y mujeres a los recursos y a las oportunidades económicas es uno de los desafíos más urgentes del país.
La economía del cuidado aparece como uno de los nudos centrales. Mientras el sistema productivo depende de que alguien sostenga la reproducción cotidiana de la vida —cuidar niñas y niños, personas mayores, personas enfermas, organizar los hogares— esas tareas siguen recayendo de manera desproporcionada en las mujeres. Muchas veces, además, se trata de trabajo no remunerado o mal remunerado.
Esta desigualdad se vuelve especialmente visible cuando se analiza la pobreza infantil. En Uruguay, los hogares donde viven niñas y niños en situación de pobreza están sostenidos mayoritariamente por mujeres. Hablar de pobreza infantil es, también, hablar de la pobreza de las mujeres. Por eso, se vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de discutir la redistribución de la riqueza. Entre las propuestas planteadas aparece el gravamen del 1% más rico de la población, con el objetivo de destinar esos recursos a políticas dirigidas a las infancias y adolescencias más pobres.
Sabemos que en el último año ha habido avances. Por primera vez en nuestro país, la tasa de empleo femenino alcanzó un máximo histórico, con la generación de 19.000 puestos de trabajo para mujeres. Pero también sabemos que no alcanza. Necesitamos más, debemos profundizar y comprometernos con políticas que reduzcan las desigualdades estructurales que vivimos día a día.”
Por último, apuntó a la consolidación, organización y unidad de nuestro campo popular, que es un trabajo constante que realizan las y los militantes en nuestro país diariamente. Pero particularmente saludar la militancia del movimiento feminista uruguayo y a todas las organizaciones sociales, las cuales se adhieren a construir en cada marzo una marcha de miles con una mirada del feminismo para las grandes mayorías como menciona Díaz.
“Porque entendemos que debemos seguir en la construcción de un camino de unidad y amplitud, en Uruguay y en el mundo, es que saludamos el trabajo de todas las organizaciones feministas, y en particular a Via al 8M, que se esfuerzan para construir una plataforma común todos los 8M pero además todo el año, trabajan para organizar bajo el principio fundamental que las más infelices sean las más privilegiadas”
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