¡Salú, plena y tambor!
Querido negro, que difícil es despedirte, dar cuenta de que ya no vas a estar en cualquier esquina un domingo tocando el tambor y haciéndonos bailar. Supiste ser un ícono y estar cerca de todos al mismo tiempo.
Querido negro, que difícil es despedirte, dar cuenta de que ya no vas a estar en cualquier esquina un domingo tocando el tambor y haciéndonos bailar. Supiste ser un ícono y estar cerca de todos al mismo tiempo. Un genio musical que todos admirábamos, pero también un vecino más. Nos acostumbramos a verte en la olímpica cuando jugaba el carbonero y cruzarte por la calle cualquier día. Sin dudas, si hubiera una estrella de rock uruguaya, sería como vos. Porque vos eras eso, el Uruguay, al que mucho le cantaste y dedicaste kilómetros de versos.
Tanto lo hiciste que cambiaste nuestra música para siempre. Yo creo que es por esa cercanía que siempre sentimos, que habla de cómo nunca dejaste de ser parte de nosotros, de sufrir nuestros dolores y festejar las mismas alegrías. En una entrevista dijiste que ibas a ser pobre para siempre, y claro, aunque tuvieras comida, dónde vivir y con qué abrigate, aunque pudieras viajar e ir al cine y al teatro, las heridas de la pobreza quedan marcadas en el alma, y elegiste hablar de ellas, ponerles nombre y apellido con la poesía del tambor, con eso que sólo existe acá, en tu hermosa tierra, que es nuestra tierra.
El Negro Rada logró traducir eso que somos, lo que sentimos las que nacimos en este rincón del sur del mundo, en sus canciones está el sonido del barrio, el aroma del mar y su brisa que volando por el barrio Sur, habla de la resistencia de los pueblos esclavizados que construyeron esta patria luchando junto a Artigas, por nuestra independencia y nuestra soberanía, que lucharon por los pueblos libres, por el reglamento de tierras y por la publica felicidad, y que así, se inscribieron a fuego en la identidad colectiva de este pueblo uruguayo. Sin embargo, como siempre, esa parte de la historia queda por fuera. Pero él, con su ritmo, sus melodías y su exquisita poesía, llana y profunda, contó esa historia al mundo, y también a nosotros. Construyó su artista en torno a la negritud como concepto cultural afro uruguayo/americano, que desborda lo étnico y permea a la mayoría de la sociedad uruguaya y en ese afán, logró que la seña de identidad de una comunidad minoritaria (la afro uruguaya), se transforme en seña de identidad de todo un país, desbordando lo coyuntural, el estatus económico-social, para transformarse en signo colectivo.
Como dijo cuando fue premiado por la comunidad candombera, siempre intentó “encajarle el candombe a la gente”,
Tanto fue su amor al pueblo que se fundió con nuestra cultura, creó un género que no existía y junto a sus amigos, hizo rock en español antes que cualquiera, mezclando el candombe con infinidad de ritmos, fue un revolucionario de la cultura, disruptivo porque hay un antes y un después de su éxito y conquista de popularidad, sirviendo de apalancamiento de transformaciones culturales, difusas antes de su surgimiento, y que se consolidan con su partida.
Por eso, vivirá para siempre, porque la memoria colectiva es tan poderosa que puede vencer incluso a la muerte.
Nos seguirá enseñando a celebrar la vida, a tener la alegría como trinchera sin negar la tristeza, a disfrutar la felicidad de lo cotidiano y seguir preguntándonos quién va a cantar y quién va construir. A defender y crear la identidad que nos hace ser uruguayas, que nos hace ser latinoamericanos y parte de la historia de la humanidad. Nos seguirá enseñando a amar a la humanidad, a través del lenguaje más universal y hermoso de todos: la música.
Gracias por el arte Negro, recién empezamos a dimensionar lo grande que has sido y que serás, porque este pueblo jamás te olvidará.
Salú, plena y tambor!
Hasta siempre Negro, te vamos a extrañar mucho.