Otro futuro es posible
Un nuevo aniversario de la Unión de la Juventud Comunista. Hace 71 años que venimos forjando el futuro en un mundo marcado por la injusticia de la desigualdad.
La UJC nacía para conquistar a las y los jóvenes uruguayos a no resignarse al modelo de la miseria planificada y a organizarse por un mundo donde todos podamos vivir bien, uno dónde podamos comer, vivir, trabajar, y también tener sueños y chances de cumplirlos.
Nos hicimos en la lucha estudiantil, a lo largo de liceos y UTUs, en la Universidad y en los barrios, pero sobre todo, en la permanente tarea de convertirse en un lugar de lucha para cualquier joven comprometida con el mundo a su alrededor y con ganas de hacer y construir.
Los centros de estudio y las calles del Uruguay fueron el escenario de una organización que pasó de pocas decenas o centenas de jóvenes a decenas de miles, albergado así las aspiraciones de varias generaciones que asumieron como propios los desafíos de un tiempo de cambios, convirtiéndose en parte fundamental de la historia política de nuestro país y su movimiento popular.
Bajo la bandera del boleto estudiantil, de las becas y el acceso de las y los hijos de la clase obrera al estudio, de la autonomía universitaria y el cogobierno que abría la cancha a una Universidad de cara al pueblo y sus problemas, así como de la solidaridad con la recién nacida Revolución Cubana y el proyecto latinoamericano de liberación, la UJC se hizo camino. Luego, resistió a la dictadura, sostuvo la FEUU clandestina y se mantuvo viva como trinchera del pueblo.
Todos tenían -y aún tienen- un lugar en la UJC, trabajadoras jóvenes, estudiantes secundarios y universitarias, era y es, una forma de entender la vida y de ver el mundo del cuál somos parte. Ser joven comunista ha sido siempre sobre todo sentirse parte activa de nuestro mundo y de nuestra sociedad, en cada momento desde ese lejano 1955 hasta este agitado 2026 que vivimos hoy.
Hoy los pueblos del mundo vivimos horas difíciles. El sistema ha fracasado rotundamente. Con el avance técnico suficiente para garantizar no sólo la supervivencia, sino el buen vivir de todas las personas, no ha hecho otra cosa que generar más y más pobreza y exclusión al mismo tiempo que crea personas tan ricas como nunca antes en la historia de la humanidad. Al mismo tiempo que su modelo de acumulación sin fin destruye los ecosistemas que hacen posible la vida, crean todos los días nuevas armas de destrucción con alcances planetarios.
Las y los jóvenes del siglo XXI hemos crecido en una sociedad cada vez más atravesada por la incertidumbre, nos han aislado y convencido de que los problemas del mundo son producto de una irremediable naturaleza humana destructiva, de la falta de esfuerzo y de la democracia y la política como forma de organizar la sociedad, en opción al mercado y su lógica mercantil que día a día avanza como regulador de toda actividad humana.
Pero en concreto, lo cierto es que lograr la independencia es una hazaña para la mayoría de las jóvenes uruguayas y pensar en una casa propia es casi imposible. La posibilidad de conseguir un trabajo con una remuneración acorde a lo que cuesta sostener la vida es cada día más complicado, tenemos los trabajos más precarios y peores pagos, medio sueldo se nos va en el alquiler, y con ellos nuestro tiempo de vida y salud, para pagar algo que la constitución establece como derecho.
Con la discusión de la seguridad social, vuelve a estar en debate el financiamiento del sistema financiero a costa del control de nuestros ahorros. La violencia instalada en los territorios y los puestos de trabajo que desaparecen son monedas corriente. En este panorama, construir un proyecto de vida es algo reservado para algunos pocos.
Lejos de generar apatía, la juventud Uruguaya se organiza frente a ella: se encuentra movilizada y defendiendo cada centímetro de sus conquistas, esto se expresa en militancia, en las movilizaciones históricas de nuestro campo popular sostenidas por jóvenes, en las organizaciones sociales juveniles y estudiantiles, y en la cantidad de jóvenes que consideran el proyecto frenteamplista como la alternativa de un futuro donde estemos todas.
En este contexto fuimos parte, junto a cientos de compañeras y compañeros de la conquista de un nuevo gobierno del Frente Amplio, con un programa que atiende lo que la restauración conservadora desmanteló, un proceso donde sobre todo seamos capaces de construir una alternativa que profundice los cambios necesarios a favor del pueblo. En un contexto regional y global donde construir una alternativa o generar más dependencia es la contradicción principal, nos comprometemos a forjar un Frente Amplio desde la base social, en diálogo y construcción con la juventud uruguaya toda.
Porque como jóvenes comunistas entendemos que el Frente Amplio fue en aquel 1971 y aún sigue siendo la mayor creación política del pueblo uruguayo para conquistar su definitiva liberación. Por eso no nos resulta incómodo, sino que nos llena de orgullo compartir esta fecha, no solo con la declaratoria de la independencia, sino con el día del comité de base.
Nuestra tarea principal, en todos los lugares donde estemos es organizar la juventud uruguaya, pero ¿para qué?. Para crear el proceso popular de una juventud que construya y sostenga nuestras conquistas en el plano político y social enraizada a las realidades que atraviesan a las jóvenes a lo largo y ancho de nuestro país.
Entonces, vale preguntar ¿Qué nos queda a los jóvenes en un mundo que va por este camino? Nos queda no sucumbir, nos queda sobre todo, imaginar ese futuro que pronto será el presente, y después de imaginarlo—o mientras lo hacemos— construirlo, paso a paso, momento a momento. Nos queda cambiarlo todo, porque necesitamos cambiarlo todo. Si algo tenemos las jóvenes comunistas para decir hoy, es que otro futuro es posible y tenemos derecho a construirlo, sobre todo, queremos hacerlo.
Desde el 55 hasta acá, el mundo cambió mucho en algunas cosas y se mantuvo igual en algunas otras. La UJC como espacio para transformar la realidad, imaginar y crear lo nuevo, es una de esas que no cambia.
El Popular publicaba el 2 de julio de 1965 el comentario de una joven desempleada de 18 años afiliada a la UJC, que decía luchar en la UJC “para que todos los jóvenes tengan plenas oportunidades”. Y al final, no es nada más, ni nada menos, que eso.
Hoy, con Nuestra América agredida, una juventud atomizada por la sociedad de consumo y los algoritmos, en el medio de la permanente amenaza del colapso, nuestra generación tiene una tarea histórica que también es una gran oportunidad: construir definitivamente ese camino hacia la pública felicidad, no sólo porque es justo, ni siquiera sólo porque es imprescindible, sino porque sobre todo, ES POSIBLE.
(*) Secretaria general de la UJC y diputada de la 1001-FA.